Nuestro hogar

Jul 13, 2018 by


Cho EJ,  Corea

Mientras me preparaba para mudarme a una casa nueva, encontré varias fotografías. Debo de haberlas olvidado al guardarlas entre los libros de mi biblioteca. Las puse todas en un álbum de fotografías, y las observé una por una.

“Mamá, ¿quién es la señora que está cargando un bebé en esta fotografía?”

Mi hija se sentó a mi lado a ver las fotografías del álbum con curiosidad. La mujer que mi hija señalaba era mi madre cargándome cuando tenía unos meses de nacida. ¡Una mujer de 25 años con una sonrisa tímida usando un vestido celeste!

El fondo de la fotografía no me parecía familiar. Era una casa rentada donde mi familia había vivido hasta cuando tuve casi un año. Mi madre creció en una familia muy acomodada. Sin embargo, cuando se casó con mi padre, que no era acomodado, compraron su primera casa en una ciudad pobre donde se habían asentado refugiados de guerra.

Era la primera vez que vivía en una casa rentada. Pero como era menospreciada por el propietario y también vio a su hija siendo ignorada por los hijos del propietario, pensó que nunca criaría a sus hijos en una casa rentada. Luego pudo comprar una casa con el dinero que había ahorrado y que había pedido prestado. Era una casa con unos cuantos árboles en el jardín de entrada y un pequeño pozo en el patio trasero. Mis hermanos menores nacieron mientras vivíamos allí, y yo viví allí hasta ingresar en la universidad. No recuerdo haber tenido dificultades de alojamiento, porque siempre había sido la hija de los propietarios desde que era bebé.

Sin embargo, lo que mi madre tenía que pagar era demasiado. Todos los meses tenía que pagar su deuda con intereses. Casi un mes después de habernos mudado, mi padre fue enviado a Medio Oriente para trabajar, y mi madre llevó una vida peor que la de un tacaño porque quería pagar la deuda lo más pronto posible con el dinero difícilmente ganado que mi padre le enviaba desde el desierto.

Mi madre y yo solo usábamos una habitación, y rentaba a otras personas las otras tres. Según mi tía, la vida de mi mamá era la pobreza misma aunque era la propietaria. Incluso en el intenso frío del invierno, soportaba con una delgada frazada el frío viento que subía del suelo, el cual se sentía como hielo, para poder ahorrar dinero en calefacción. A veces se saltaba las tres comidas, y trataba de satisfacer su hambre con agua. Pero cuando no podía saciar su hambre, solo comía un puñado de sal.

Su mentalidad de ahorro iba más allá del sentido común, pero no escatimaba nada si era para mí. Aunque solo tenía una frazada delgada, me compraba una frazada gruesa para que pudiera estar abrigada. Aunque se saltaba las comidas, me daba de comer huevos fritos y yogur todos los días, los cuales eran muy caros en aquel entonces.

Ahorrando dinero de esa manera y trabajando a tiempo parcial, pudo pagar la deuda como lo había planeado. Pero incluso después de estar en mejores circunstancias, seguía siendo mezquina con lo que comía porque ya se había acostumbrado a su hábito de ahorrar. El estómago de mi madre se volvió débil; tenía un grave dolor de estómago con solo comer un poco de comida grasosa. Decía que era porque su estómago se había reducido por haberse saltado las comidas con demasiada frecuencia. Después de haberme casado, siempre me decía: “Aunque no tengas ganas de comer y estés ocupada cuidando a tus hijos, nunca te saltes la comida. Si tuviste una enfermedad interna cuando fuiste joven, crecerá rápidamente y será difícil curarla”.

Cada vez que oía cuánto había sufrido mi madre, a veces pensaba por qué había elegido una vida tan dura e incesante en vez de vivir en una casa rentada. Gracias a su dedicación y al sacrificio que hizo durante toda su vida por sus hijos, mis hermanos y yo pudimos disfrutar de muchas cosas.

Hay alguien que recuerdo cuando veo a mi madre sonriendo en la fotografía. Es la Madre celestial quien ha dedicado toda su vida preparando un hogar espiritual para sus hijos. Siempre preocupándose de que sus hijos pudieran ser heridos en este mundo, Ella no puede comer, dormir ni descansar. Gracias al sacrificio de la Madre, puedo vivir tranquilamente en Sion. A pesar de su dolor que es indescriptible, la Madre celestial siempre nos abraza con amor y nos sonríe. Quiero agradecer a la Madre desde lo más profundo de mi corazón por cuidarme como a la niña de sus ojos.

“Nuestro hogar” es el eterno reino de los cielos lleno de gozo y felicidad. Quiero volver rápidamente a ese lugar tomando la mano de la Madre celestial.


Esta es la fragancia de Sion de un miembro de la Iglesia de Dios Sociedad Misionera Mundial que cree en Cristo Ahnsahnghong y en Dios Madre.

El camino que el Padre recorrió
Después de confesar mis pecados
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2 Comments

  1. Gloria

    En la fragancia de Sion se notaba una frase”Cada vez que oía cuánto había sufrido mi madre, a veces pensaba por qué había elegido una vida tan dura e incesante”
    Leyendo ésta rompí a llorar, Yo hice a elegir esta vida tan dura y venir a esta tierra humilde a la Madre celestial en lugar de estar en el reino de los cielos como la reina del universo. Por mis pecados que merecían a la muerte…
    Hoy también nuestra Madre nos dice que somos todo para ella, no hay nada más importante que nosotros. Solo para salvarnos vino a la tierra y se sacrificó duramente, que jamás podamos imaginarlo, dandonos todo lo que tenía. Nunca olvidaré este amor y seguiré a la Madre celestial hasta ir al reino de los cielos. Doy gracias eternas con todo mi corazón al Padre y la Madre celestiales.

  2. Alba

    Es la Madre celestial quien ha dedicado toda su vida preparando el hogar espiritual para sus hijos. Siempre preocupándose de que sus hijos pudieran ser heridos en este mundo, Ella no puede comer, dormir ni descansar.
    Gracias a Dios Madre por su sacrificio y amor.
    Madre mia

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