Un prisionero en la ciudad de refugio

Sep 2, 2017 by

prision


Cho EY, Corea

¡Plom!

Una contundente puerta de hierro se abrió con un sonido sordo.

Un documental presentó la vida de las prisioneras en una penitenciaría de mujeres.

—¿Cómo será su vida? —pensé.

Mi atención estaba enfocada en la televisión.

¡Treinta minutos de ejercicios al día! Era el único momento cuando las prisioneras podían ver el sol. Se reían y conversaban. Algunas se ejercitaban mientras que otras solo se sentaban a tomar sol. Si no usaran uniformes, lucirían como mujeres ordinarias y no como prisioneras.

Una prisionera preguntó al reportero si su rostro aparecería en televisión. Ella preguntó no porque le importara.

—No importa, si es que me envían de regreso a casa.

Sonreía, pero se oía triste.

Eran las cuatro de la mañana. Las prisioneras que estaban encargadas de cocinar empezaban su día en la penitenciaría. Ya que tenían que preparar comida para más de 640 personas, estaban muy ocupadas. El reportero preguntó a una de ellas si estaba cansada.

—Es difícil cargar un saco de arroz que pesa 40 kg, pero cocino con un corazón arrepentido.

Cuando llegaba la hora de comer, se ponían bandejas de comida en cada celda a través de una pequeña abertura debajo de la puerta. Después de comer, iban a trabajar o recibían entrenamiento vocacional. Cerca del anochecer, cenaban y luego pasaban lista. Así terminaba un día en la penitenciaría.

Podrían estar cansadas de su rutina diaria con una libertad limitada, pero no culpan a nadie. Cuando una prisionera dijo que su vida actual era el resultado de lo que había hecho en el pasado, y que estaba pagando por ello, empezó a llorar. Entre ellas, presentaron en la televisión a una reclusa sentenciada a cadena perpetua. Ella fue elegida como prisionera modelo, y se le permitió pasar una noche con sus padres después de trece años. En un alojamiento pequeño y privado de la penitenciaría, la reclusa y su madre se abrazaron en cuanto se encontraron. ¿Qué palabras habrían necesitado decir?

Cuando entraron en el alojamiento, un oficial de la prisión revisó las cosas que traían sus padres y cerraron las puertas desde fuera. La regla no permitía que las prisioneras estuvieran dentro sin la puerta cerrada, aunque estuvieran con una persona que no fuera prisionera. Sus padres no eran mejores que los prisioneros confinados, pero sus rostros resplandecían. No les importaba si eran tratados como prisioneros o no. Lucían felices por estar con su hija.

Ellos trajeron regalos y comida suficiente para varios días para su amada hija. La madre, que vestía ropas baratas, dio a su hija un suéter costoso. Ella dijo que no le importaba lo que usaba, pero quería asegurarse de que su hija no sintiera frío. Al oír esto, la hija abrazó a su madre fuertemente. El padre que permanecía en silencio, secó sus lágrimas y habló.

—Lo siento. Parece que estás pasando esta dificultad porque soy despreciable. Se me parte el corazón.

—La rutina diaria y trivial de conversar y comer juntos es muy preciosa, pero es improbable que suceda nuevamente con esta familia —explicó el narrador.

Al escuchar esto, rompí en llanto.

Estoy en la misma situación de las prisioneras de la televisión.

Yo también soy una prisionera; pequé en el cielo, y ahora estoy confinada en la tierra, la ciudad de refugio. El Padre y la Madre celestiales han llevado una vida de pecadores como la mía en esta ciudad de refugio. ¿No me habré vuelto insensible a su vida, a su amor y al hecho de ser una pecadora?

La voz de la prisionera que dijo que haría cualquier cosa con tal de regresar a casa, todavía resuena en mis oídos. Yo también viviré con la mentalidad de hacer cualquier cosa con tal de poder regresar a mi hogar celestial. Venceré todas las tribulaciones, que son la paga de mi pecado, y llevaré una vida de arrepentimiento, pensando en los Padres celestiales que están preparando el banquete de gozo donde comerán con nosotros en la misma mesa.

El corazón de los padres
El olor de mamá
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16 Comments

  1. clara

    Este artículo hizo arrepentirme mucho.
    Porque a veces yo vivía olvidando el hecho de que soy una pecadora del cielo. Ahora recibí una oportunidad de regresar a mi casa eterna, al reino de los cielos por gracia de los Padres celestiales. Yo también venceré todas las tribulaciones hasta regresar mi casa extraña.

    • cecilia

      Claro~!
      Los Padres celestiales vinieron a esta tierra por nosotros, los pecadores del cielo, y se sacrificaron mucho. Venzamos todas las dificultades hasta regresar al cielo recordando el sacrificio de los Padres celestiales.

    • lunajung

      Pienso hoy en el reino del cielo…

  2. linda

    Nosotros estamos viviendo la vida del prisionero en esta tierra. Por esta razón, estamos viviendo la vida vacía. Aunque comemos la comida rica y se vistimos la ropa bonita, nos sentimos “no importa”.
    Porque nuestra alma siempre quiere regresar a nuestro hogar celestial, el reino de los cielos.
    Dios Padre y Dios Madre vinieron a esta tierra para buscarnos vistiéndose la ropa del prisionero, el cuerpo. Dios está juntando sus hijos para regresar al reino de los cielos. Yo también quiero regresar mi hogar celestial.

  3. rut fernanda

    A los que vivimos en esta época, Dios nos da una lección para que podamos vivir. Así como nuestro cuerpo puede mantenerse vivo al respirar,comer y ejercitarse, también nuestro espíritu puede vivir respirando con la oración, comiendo las palabras de Dios y ejercitándose con la predicación.

  4. Abril

    Vivo una vida cansada y dura debido al pecado. Pero el Padre y la madre celestiales no tienen pecado, han venido a esta tierra del pecado por nosotros. Estamos caminando solo un pequeño camino de sufrimiento por el sacrificio de nuestro padre y nuestra madre. Siempre agradeceré a mis padres celestiales.

    • Monica

      Yo también quiero dar gracias a Dios Padre y a Dios Madre, quienes vinieron a esta tierra en carne para salvarnos.

  5. joel5184

    Existía algo en nuestra alma que nos hizo darnos cuenta de que nuestra vida no es diferente de la vida del prisionero. Quiero mirar el cielo!

  6. esperanzakim

    Gracias a Dios padre y Dios madre.

  7. gloria1843

    Lo siento. Mi madre celestial, que no es pecadora, pero vive como pecadora por sus hijos.
    Haré lo que quiera mi madre celestial. Buscaré a mi hermano y hermana perdidos en el cielo.

  8. Elena

    Soy un pecador espiritualmente.

  9. Brenda

    Creo que yo sigo olvidando el hecho de que soy un pecador. Lo siento Padre y Madre por este pecador que no sabe cómo arrepentirse. por favor, ayúdeme a seguir su Camino.

  10. Ana Rosario

    Soy un pecador celestial, que pequé en el cielos, y vivo en esta tierra, la prisión espiritual
    Pero vivo una vida tan tranquila en Sión.
    Esta paz y felicidad que disfruto es creada por el sacrificio y el sufrimiento del padre y de la madre celestiales.
    Seré una hija de Dios que conoce el valor de la salvación y que no olvida el amor de mi Padre y mi Madre.

  11. Garcia

    Ya habíamos sentenciado a muerte en el cielo. pero recibimos la oportunidad que podemos ir al cielo por gran bendición, perdón de pecados. Pero para permitirnos esta bendición, Dios Padre y Dios Madre andaban el camino del sufrimiento en la prisión espiritual, esta tierra. Sin falta, tenemos que arrepentirnos nuestro pecado y agradezcamos a Dios Elohim.

  12. Martin

    Habíamos vivido como si no fueramos los pecadores del cielo.
    Pero no lo olvidemos y regresemos al cielo donde es nuestro hogar, teniendo verdadero arrepentimiento.

  13. rosa

    Qiero ir al cielo…

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